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Luchar contra el miedo / por Alfonso Hernández @AlfonsoZulia

Recientemente, leía un artículo del periodista español Francisco Rubiales, sobre la lucha contra el miedo, la clave para ser libres y mejorar el mundo, considerando el autor que el miedo es el mayor fabricante de esclavos,  con el conocimiento de los políticos, que lo utilizan para ejercer su dominio sobre los ciudadanos y gobernar sin obstáculos y sin democracia.

Desde su óptica, el miedo es la antítesis de la libertad y la antesala de la esclavitud. Plantea que los pueblos con miedo son fácil presa de los políticos, una clase que tiende, por desgracia, a acumular poder y a oprimir a los ciudadanos. Por eso, antes de conquistar las libertades y derechos y antes de construir un sistema justo y decente, hay que liberarse del miedo.

Para Rubiales, el miedo es la emoción más fuerte que experimenta el ser humano, tan fuerte que paraliza. Además de esclavo, el miedo lo hace pasivo y le impide rebelarte, luchar y afrontar el desafío de cambiar el mundo. Vencer el miedo no significa dejar de sentir temor, pero si dejar de paralizarse. Todo el mundo siente miedo porque el miedo es un mecanismo natural de defensa frente al peligro y el riesgo, pero no todos se dejan dominar por el miedo. Tener miedo es saludable, pero dejarse dominar por el miedo es la desgracia del cobarde.

Afirma el autor, que los poderosos son conscientes de que el miedo es su principal aliado y que una ciudadanía atemorizada es fácilmente gobernable porque se deja oprimir y expoliar. Todos los tiranos y no pocos falsos demócratas han utilizado y utilizan el miedo para dominar a sus pueblos, considerando que el gran secreto del éxito de los totalitarismos, sobre todo del mayor de todos, el comunismo, es su maestría utilizando el miedo como esencia del poder.

Para Rubiales, el miedo es especialmente fuerte y poderoso entre los que poseen bienes, disfrutan de una vida agradable y se sienten felices. Los propietarios y las clases medias son especialmente sensibles al miedo, como lo son también los que tienen a personas débiles a su cargo, sobre todo mujeres, niños y ancianos, la sociedad, la iglesia, el estado, todos quieren que estemos en un constante estado de miedo: miedo a lo conocido, miedo a lo desconocido, miedo a la muerte, miedo del infierno, miedo de perder el cielo, miedo de no hacerte un nombre en el mundo, miedo de no ser nadie.

Cree el autor que aunque todos sentimos miedo, incluyendo a los valientes, el miedo puede vencerse utilizando la razón y practicando la osadía, ya que el ser humano nace biológicamente armado con un mecanismo de respuesta inmediata a la amenaza. Ese mecanismo, instalado en el cerebro más primitivo, se denomina “lucha o huye” y se activa cada vez que uno se siente amenazado.

El consejo y el impulso hacia la huida es más fuerte que hacia la lucha porque de ese modo se protegía mejor a la especie en los tiempos antiguos. Y aunque el mecanismo de “lucha o huye” se produce en el cerebro antiguo, la decisión de como actuar, huyendo o enfrentándose al peligro, se adopta en el neocortex o cerebro nuevo, lo que permite que existan los valientes y que puedan controlarse las respuestas al miedo y a las ansiedades. Entonces, el miedo, aunque sigue vivo, deja de ser paralizante y de hacernos débil. Es la osadía contra la cobardía.

Finalmente, plantea Rubiales que nuestras vidas están llenas de miedos, pero también de actos osados que vencen ese miedo primitivo y ante el miedo debe prevalecer e imponerse la rebeldía, la valentía de ser diferentes, el orgullo de ser libres, de no someterse ante nadie, de pensar de otro modo a como quiere el poder, de plantar cara a los que siempre quieren imponer su voluntad, porque al luchar contra el miedo nos permite ser menos cobardes, derrotar la parálisis y al luchar contra la injusticia, seremos libres, rebeldes y útiles para la civilización y el progreso humano, aportando nuestro grano de arena para que el mundo que habitamos sea cada día un poco mejor.

Alfonso Hernández Ortíz
Politólogo/Abogado
dialogopublico@gmail.com/@AlfonsoZulia

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